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SERGI CÁMARA ©foto

Antes de la pandemia, la mitad de los menores refugiados no recibía educación. Tras la COVID las consecuencias aún son difíciles de prever

Cuanto más tiempo dura el cierre de colegios a causa de la COVID-19, mayor posibilidad existe de abandono escolar. Esto ocurre con especial incidencia en la población más vulnerable, como es la población refugiada. Los niños y niñas en situación de refugio corren el riesgo de no volver nunca más a la escuela.

Vivir en situación de desplazamiento forzoso supone, para un menor, haber perdido su casa y su familia y, a menudo, enfrentarse a situaciones de violencia y al riesgo de sufrir abusos, explotación, tráfico o reclutamiento militar. Cuentan con muchas dificultades para poder comer, acceder a agua potable y, por supuesto, a la educación.

El cierre de las escuelas tiene consecuencias devastadoras en la vida de los niños y niñas refugiados:

  • La falta de acceso a la educación dificulta que puedan seguir formándose, comprometiendo su futuro.
  • Afecta a su alimentación diaria, ya que muchos menores realizan la comida fuerte del día en la escuela.
  • Obstaculiza también el acceso a agua potable.
  • Influye directamente en su desprotección frente a la violencia y en el aumento de los abusos y la explotación.
  • En concreto, para las niñas, supone una mayor exposición a la violencia física y/o sexual y el aumento de embarazos precoces, matrimonios infantiles o mutilación genital femenina.
Desde Entreculturas defendemos el derecho a la educación de la infancia en cualquier circunstancia, especialmente en contextos de emergencia y refugio, en los que es aún más necesario. Desde el inicio de esta crisis, trabajamos para seguir protegiendo a estos menores y para garantizarles una mínima cobertura educativa a través del fomento de la educación online y radial, así como la distribución de material escolar que complemente los sistemas de educación a distancia.

La educación de los niños y niñas refugiados sirios: un derecho en peligro.

En Siria, el 94% de los niños y niñas en edad escolar viven en áreas con condiciones educativas severas, extremas o catastróficas. Tras 10 años de guerra, estas han sido algunas de las consecuencias en lo referente al derecho a la educación:

 

  • Se estima que el 50% de los niños y niñas del norte de Siria han abandonado la escuela.
  • 1 de cada 3 escuelas no puede ser utilizada porque está dañada, destruida o alberga a familias desplazadas
  • 31 escuelas se utilizan para fines militares. 
  • 61 escuelas fueron objetivo de ataques y dejaron al menos 42 menores muertos y 38 heridos en 2020.

Los niños y niñas sirios que han dejado su país para huir de la guerra también encuentran dificultades para ir al colegio en los países de acogida. Por ello, en Líbano, uno de los países de destino para la población infantil siria, trabajamos junto al Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) para que la escuela les siga protegiendo aunque las aulas permanezcan cerradas. Y es que la situación de refugio y la COVID-19 enfrenta a la infancia refugiada a una doble vulnerabilidad (triple en el caso de las niñas).

Esto, sumado a la grave crisis económica que enfrenta Líbano, ha provocado que, en el último año, el 18% de los hogares sirios refugiados en el país afirmen haber sacado a alguno de sus hijos o hijas de la escuela; mientras que la tasa de trabajo infantil ha aumentado en un 4,4% durante 2020.

Las niñas enfrentan mayores dificultades para seguir con su educación. El matrimonio es la primera causa de abandono escolar entre las adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años (pasando de un 28% en 2019 a un 46% en 2020). Hablamos sobre ello en nuestro informe “Escuelas que protegen: la respuesta a personas refugiadas en Líbano en tiempos de pandemia y crisis educativa”.

Escuelas que protegen: la respuesta a personas refugiadas en Líbano en tiempos de pandemia y crisis educativa.

La educación es refugio.

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