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NACHO ESTEVE ©foto

Escuelas de paz y libres de violencia.

Desde Entreculturas atendemos y ofrecemos acceso a una educación de calidad a población refugiada y desplazada forzosamente en 18 de los países donde estamos presentes. Líbano, República Centroafricana, Sudán del Sur o República Democrática del Congo son tan solo algunos ejemplos. Incluso en contextos tan difíciles como los que supone refugiarse en otro país, para los niños y niñas refugiados ir al cole es una necesidad básica. Un curso escolar perdido puede tener consecuencias difíciles de abordar. Una generación perdida no podrá contribuir a la reconstrucción y reconciliación de su país.

Para los menores refugiados la escuela es un lugar seguro, un lugar necesario que les ofrece protección y educación, que los acoge. Y es especialmente imprescindible para las niñas, dada la violencia específica de la que son víctimas por su rol de género.

Desde Entreculturas y nuestras organizaciones socias, como el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) y Fe y Alegría, abogamos por la defensa de las escuelas como espacios seguros donde se proporciona una formación que garantiza una educación de calidad para la paz, de encuentro y de reconciliación.

LÍBANO: escuelas refugio de un conflicto que no cesa.

Hace ya 8 años que comenzó la guerra en Siria, un conflicto de consecuencias devastadoras para la población, especialmente para los más pequeños. Solo durante 2018, 1.106 menores perdieron la vida en el país. En muchas ocasiones los niños han sido víctimas de reclutamiento forzoso y las niñas se han visto forzadas a caer en redes de prostitución.
///Solo durante 2018, 1.106 menores perdieron la vida en el país.
La situación de la educación en el país es dramática. Las escuelas y universidades han sido atacadas de manera reiterada -en 2018 se registraron 262 ataques- y las tasas de abandono escolar son muy elevadas. La situación en las escuelas que han seguido funcionando es deplorable: aulas hacinadas, poco profesorado, incapacidad de impartir una enseñanza adecuada debido a los traumas del profesorado y del alumnado…
Esta situación impacta también en los países limítrofes, que no tienen la capacidad para asumir de manera digna cifras tan elevadas de personas en situación de necesidad extrema. Uno de ellos es Líbano, que acoge a 1’5 millones de personas sirias. El país ha hecho un gran esfuerzo por asegurar la educación de los niños y niñas refugiados al habilitar un turno de tarde específico para ellos, pero sigue habiendo cerca de 300.000 menores sin escolarizar.
///Sigue habiendo cerca de 300.000 menores sin escolarizar.
JRS, con el apoyo de Entreculturas, crea espacios educativos seguros para la población más vulnerable (niñas, niños y mujeres) en los que trabajamos desde un enfoque de rehabilitación post traumática y de reconstrucción del tejido social.

NACHO ESTEVE ©foto

///NOUR.
Refugiada siria, alumna de JRS en la Escuela Telyani, en Bar Elias
Cuando vengo a la escuela ya no me siento sola y eso es lo más importante para mí. Aquí soy parte de un grupo y me hace sentir feliz. Además, cuento con Miss Hoda (trabajadora social) y Miss Nour (psicóloga), con quienes puedo hablar de todo lo que me preocupa.”
Es el testimonio de Nour, refugiada siria de 13 años que lleva seis estudiando en unos de los coles de JRS que apoya Entreculturas. Su sueño es convertirse en abogada y, su mayor deseo, no tener que volver abandonar la escuela. Cuando tenía 11 años dejó de estudiar durante un año y se puso a trabajar para ayudar a su familia económicamente. Trabajaba 14 horas al día cultivando patatas, sin beber agua ni poder ir al baño. El trabajo le hizo anhelar la escuela: “Lo que más echaba de menos era sentirme querida y protegida.”

REPÚBLICA CENTROAFRICANA: cambiar las armas por lápices.

Pese a que República Centroafricana firmó la Declaración sobre Escuelas Seguras en el año 2015, más de 400 colegios permanecieron cerrados en 2016 como consecuencia de la destrucción de las infraestructuras y su uso para fines militares. 10.000 estudiantes se quedaron sin poder ir a clase.

LAURA LORA ©foto

///Actualmente hay más de 687.000 personas desplazadas internas.
El país, que actualmente ocupa la última posición en el ranking de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, se encuentra sumido en una grave crisis humanitaria e inestabilidad política desde el año 2012, lo que ha provocado constantes flujos de la población tanto dentro de sus fronteras como hacia los países limítrofes. Actualmente hay más de 687.000 personas desplazadas internas y más de 568.000 han buscado refugio fuera de sus fronteras.
El conflicto ha acarreado un empeoramiento de la situación de seguridad en el país, ha incrementado los niveles de pobreza de su población y ha hecho que aumente la presencia de milicias que reclutan forzosamente a niños y niñas. En los últimos 6 años, 14.000 niños y niñas han sido reclutados por grupos armados para formar parte de los combates.
///En los últimos 6 años, 14.000 niños y niñas han sido reclutados por grupos armados.
En este contexto es vital garantizar el acceso a la educación y la protección de los menores, y es fundamental hacerlo desde la primera infancia. JRS, con el apoyo de Entreculturas, ofrece educación preescolar, primaria y actividades de alfabetización y sensibilización en 12 aldeas del eje Bangui-Mbata, ayudando además a mejorar el clima de cohesión social entre la población de acogida y la población desplazada.
///SOPHIE*,
Ex niña soldado, alumna de JRS en Bambari
Tenía 13 años cuando la guerra comenzó en mi pueblo, Bria. Vi como mataron a mi padre y a mi madre delante de mí.” Son palabras de Sophie* (nombre ficticio por razones de seguridad), que pasó un año y tres meses en un grupo armado. En ellos, algunas chicas son utilizadas como esclavas sexuales o encargadas de preparar la comida, hacer las tareas de la casa o ser enfermeras. Sophie tenía un rol de combatiente.
“Yo hacía lo mismo que ellos habían hecho con mis padres”, nos explica. Tras abandonar el grupo, Sophie comenzó a participar en las actividades de apoyo social y formación que llevamos a cabo junto a JRS en Bambari.

SUDÁN DEL SUR: la educación es motor de paz.

Desde el inicio de la guerra civil en 2013, 2’3 millones de sur sudaneses se han refugiado en otros países, y más de 1’8 millones se han desplazado dentro del país. Los niveles de violencia que sufre la población -particularmente las mujeres y las niñas- son difíciles de imaginar. Y el reclutamiento de menores no ha dejado de aumentar desde el comienzo del conflicto: se calcula que la cifra de niños y niñas reclutados asciende a al menos 9.000.
Para Sudán del Sur, un país que vive inmerso en este conflicto interno y, a la vez, acoge a 200.000 personas refugiadas que huyen de Sudán, su país vecino, la educación es un medio fundamental de proyección de futuro, pero también es motor de paz y cohesión social.
Los servicios que ofrecemos con JRS en Mabán, uno de los condados fronterizos, van desde la formación a docentes y el apoyo psicosocial hasta las actividades lúdicas o los cursos especializados en inglés e informática. Un enfoque holístico desde el que acompañamos a las personas sudanesas refugiadas, a las sur sudanesas desplazadas internamente y también a la población local.

NYAMWEYA OMARI ©foto

///BASAMAT, refugiada sudanesa.
Alumna del curso de formación de profesorado de JRS en Mabán
“Me marché de mi casa por la guerra en el Nilo Azul, Sudán, en 2011. Mi familia y yo vinimos a Mabán buscando refugio frente a la violencia. Estaba en 2º de secundaria cuando me vi obligada a dejar la escuela”, explica Basamat. Después de tres años en el campo de refugiados, su madre logró encontrar un trabajo con el que mantener a la familia y pudo enviar a Basamat a Uganda a continuar con sus estudios, pero dos años después tuvo que dejarlos de nuevo para volver a trabajar.
Ahora se forma para convertirse en profesora: “En el primer semestre saqué las mejores notas de los 42 candidatos. Mis asignaturas preferidas son Matemáticas y Ciencias. La comunidad me presiona para que me case, como le ocurre a otras chicas de mi edad. Me gustaría que las chicas tuviésemos más oportunidades para desarrollarnos y crecer mientras perseguimos nuestros sueños. Querría que las condiciones de mi comunidad mejoren y así ver a la gente más feliz.”

REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO: niñas que quieren crecer en libertad.

Son ya más de 20 los años que dura el conflicto en República Democrática del Congo, un conflicto que han generado el desplazamiento forzoso de más de 3,8 millones de personas en todo el país, de las cuales cerca de 900.000 se concentran tan solo en la provincia de Kivu del Norte.
A pesar de que el país firmó la Declaración sobre Escuelas Seguras en junio de 2016, miles de escuelas han sido destruidas desde entonces.
///2’9 millones de niños y niñas tienen necesidad urgente de educación
2’9 millones de niños y niñas tienen necesidad urgente de educación, Los niños son especialmente vulnerables al reclutamiento forzoso por parte de grupos armados, y las niñas son muy susceptibles de sufrir violencia sexual, tanto en la escuela como de camino a clase, y de ser secuestradas por las distintas milicias para que luchen, realicen labores de cocina o para forzarlas a casarse con los miembros de los grupos armados.

SERGI CÁMARA ©foto

JRS, con el apoyo de Entreculturas, prioriza en su labor educativa el acceso a la educación de las niñas como grupo especialmente vulnerable dentro de la población desplazada internamente, posibilitando asimismo el acceso a la educación secundaria de niñas menores de 15 años en los campos de desplazados de Masisi.

BURUNDI: la batalla contra la desesperanza.

Burundi acoge un promedio mensual de 600 personas refugiadas y solicitantes de asilo procedentes de la República Democrática del Congo, que reciben reconocimiento prima facie como refugiados en este país que mantiene una política de puertas abiertas y protección. A los refugiados congoleses se suman los procedentes de Ruanda y Tanzania y, también, desplazados internos burundeses.
SANGANYI NAMANGALA tuvo que huir de su país, República Democrática del Congo, a causa del conflicto. Ahora es motor de cambio en el campo de personas refugiadas de Kinama, Burundi, en el que vive.
A pesar de que tienen acceso a asistencia humanitaria, las familias que viven en los campos de refugiados en los que trabajamos junto a JRS viven en una situación muy precaria que conlleva graves amenazas para los niños y niñas, como la falta de escolarización o la violencia y los abusos sexuales.

SERGI CÁMARA ©foto

///Las familias que viven en los campos de refugiados en los que trabajamos junto a JRS viven en una situación muy precaria.
Pese a todo, las familias siguen priorizando la educación, que consideran clave tanto para la protección física y psicológica de sus hijos e hijas como para su desarrollo. JRS les ofrece una educación de calidad a través de los colegios y escuelas infantiles que gestiona en los campos de Kinama, Musasa, Nyankanda, Kavumu y Bwagiriza.

Educación para la paz en la frontera COLOMBO-VENEZOLANA.

El actual contexto de Colombia, marcado por el inicio de la implementación de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno Nacional de Colombia y las FARC-EP en 2017, es el de un país polarizado y en el que la violencia va tomando nuevas formas, pero no se reduce. Por otro lado, el recrudecimiento de la situación en Venezuela está generando que un gran número de personas se encuentren en situación de extrema vulnerabilidad y riesgo social y abandonen el país. Según datos oficiales, 3’4 millones de venezolanos y venezolanas se han visto obligados a abandonar sus hogares, aunque la cifra podría ascender a más de 5 millones.

JRS Colombia ©foto

A través de nuestro programa “En las Fronteras de Colombia”, que llevamos a cabo tanto en Colombia y Venezuela como en Ecuador, atendemos a las personas afectadas por estas complejas crisis y ofrecemos acceso educativo a la infancia desplazada y refugiada. Además, trabajamos con casi 6.000 participantes la educación para la paz, la reconciliación y la prevención de la violencia, tanto en los centros educativos como en las comunidades de acogida a las que llegan las personas en situación de movilidad forzosa.
///3’4 millones de venezolanos y venezolanas se han visto obligados a abandonar sus hogares.

UNA REALIDAD GLOBAL: niños y niñas de un mismo mundo.

El deseo de paz es algo que nos une por encima de las diferencias. Todas y todos sabemos que necesitamos vivir en paz para desarrollarnos libre y plenamente: sabemos la vinculación que existe entre la paz y el bienestar individual y colectivo. Los contextos violentos dificultan el cumplimiento de los derechos humanos y atentan contra la dignidad de las personas, en especial la de los niños y las niñas. Es necesario promover procesos educativos que enseñen desde y para la no violencia y que construyan una ciudadanía global.

DANIELA MORREALE ©foto

Esto es precisamente lo que hacemos desde Entreculturas a través de nuestro trabajo con la comunidad educativa, a través del que los centros educativos y docentes trabajan con el alumnado el poder transformador de una cultura de paz en nuestras sociedades, suscitando el compromiso personal de la juventud como parte de una ciudadanía global que defiende y promueve la justicia, la empatía y la inclusión, y fomenta la construcción de espacios y relaciones pacíficas.
///Necesitamos vivir en paz para desarrollarnos libre y plenamente.

Desde Entreculturas nos comprometemos con una escuela de paz y libre de violencia.

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Estas Escuelas salvan vidas.